sábado, 16 de enero de 2016

TARANTINO


(un cartel de Los odiosos ocho que me gusta mas que el que han utilizado)
En una entrevista publicada el viernes 15 de enero, Quentin Tarantino recuerda las series del oeste que veía de pequeño en la televisión. Me ha hecho gracia la referencia justo esta semana en la que, por razones completamente ajenas a Tarantino, he revisado con un gran placer capítulos de Bonanza y de El Virginiano en sus originales doblajes mexicanos con los que yo los veía cuando vivía en México. Estas dos series más La ley del revólver y Wanted, con un jovencísimo Steve McQueen, eran las series del oeste más famosas de los años cincuenta y sesenta. Años en los que John Ford y Howard Hawks seguían dirigiendo obras maestras del western y en los que directores más jóvenes, como Sam Peckinpah o Robert Aldrich, comenzaban a reformular el género
Tarantino nunca ha escondido su pasión cinéfila alimentada por todo tipo de productos, desde los grandes clásicos a los videos mas deleznables del cine de terror, western, bélico, Kung-Fu o thriller. Tarantino es un chupóptero que engorda con toda la sangre que puede pillar. Y luego la devuelve. A veces mejor y a veces peor.  En el caso de Los odiosos ocho, yo diría que a medias. Hay en esta desmesurada película una parte que me parece interesante, incluso brillante. Y otra parte que, sinceramente, me sobra. Si todo durara una hora menos, a lo mejor no me sobraba. Pero cuando llegamos al climax de violencia y sangre, de resolución de los misterios y las identidades, de explosión de los conflictos y desaparición de los ocho magníficos idiotas, el público, es decir, yo, estoy tan cansada de su verborrea, de sus equívocos, de su mensaje, que he desconectado del todo y solo quiero que se acabe. Reservoir dogs fue una sorpresa que duraba 99 minutos, pasaba en un único escenario, pero respiraba hacia fuera en la reconstrucción del tortuoso y estúpido camino que conduce a esa banda de ladrones a la catástrofe. Pulp Fiction, ya empezaba a dar muestras de una cierta desmesura con sus 154 minutos. Pero aun no estábamos saturados de sus brillantes diálogos y además, la doble pareja Thurman/Travolta y Travolta /Jackson, funcionaban como un reloj. A partir de ahí, el exceso y la violencia fueron aumentando. Y a mí me fueron cansando cada vez más. De tarantiniana convencida, fui pasando a tarantiniana aburrida. Y lo sentí. Con Django desencadenado, el aburrimiento se convirtió en enfado. Por eso esperaba estos ocho malvados para ver si me reconciliaba. Y el arranque y la llegada a la cabaña; el juego que se establece entre unos y otros, con un humor que echaba en falta en Django, me hicieron pensar que si, que volvía a ser tarantiniana. Hasta que me cansé.  Una de las cosas más difíciles del mundo es saber reconocer donde hay que terminar lo que estás haciendo, un libro, un cuadro, una película, un artículo. Si no sabes verlo y continuas, te arriesgas a destruir un trabajo bien hecho. A Tarantino le pasa muchas veces. Y como yo no quiero que me pase a mí, acabo este texto en este mismo punto.

No soy muy dada a poner enlaces en este blog. Pero estos me gustan mucho
Son las sintonías de
El Virginiano
y de
Bonanza

Disfrútenlas¡¡¡¡

Nota. En el blog de textos he añadido una entrevista que le hice a Tarantino en el año 1992 cuando se estrenó Reservoir Dogs. Dice cosas que se pueden aplicar a Los odiosos ocho casi literalmente.



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