sábado, 25 de marzo de 2017

ARMENIA


El territorio armenio se extiende por muchos paises diferentes.
Robert Guediguian
Hace unos días estuvo en Barcelona el director francés Robert Guediguian para presentar su última película, Una historia de locos. Tuve ocasión de entrevistarle para el programa La Cartellera de BTV, dirigido por Marta Armengou, en el que colaboro desde principios de año. Fue una entrevista larga, más de media hora, que por fuerza tuvo que quedar reducida en la pieza que se montó para el programa. Pero fue muy interesante y he pensado que valía la pena compartirla a través del blog. Es la primera vez que lo hago, pero a lo mejor no es la última.
De  todo lo que hablamos, me quedo sobre todo con una idea que me gusta mucho. Guediaguian contrapone a la idea de Patria (Fatherland) la idea de Hogar (Heimat). La palabra Patria siempre me ha resultado odiosa. Implica banderas, himnos, separaciones, conquistas, ser mejor que los otros. En cambio Heimat me gusta mucho, es algo humano, cercano, lo que se siente, lo que te importa, incluso lo que se comparte. Uno puede tener un Heimat con gentes muy lejanas en el espacio y en cambio no sentirse nada vinculado a la Patria que tiene encima.
Hay más cosas en la entrevista, espero que sea interesante para todos.

El genocidio armenio
El hecho de que se cumpliera el centenario del genocidio armenio, tuvo un papel en la decisión de hacer la película. Hacía mucho tiempo que yo quería trabajar sobre el genocidio y sobre sus consecuencias. No sobre el mismo genocidio, sino como este se perpetuaba de generación en generación porque no ha habido nunca un reconocimiento del genocidio por parte de Turquía. El duelo es imposible. Era eso sobre lo que yo quería trabajar. Aunque la palabra no es querer, me he sentido obligado a trabajar sobre esa cuestión. Es responsabilidad de todos los cineastas en todo el mundo  hablar de su pueblo, hablar de las grandes cuestiones que preocupan a su pueblo. Yo soy de origen armenio, no podía dejar de enfrentarme a esta cuestión, no hablar de ella.

La historia
Para mi es el prologo del film el que explica no tanto la moral del film, sino de que va hablar la película. Si aun se habla ahora de esto y si hago una película sobre esta cuestión quiere decir que esta historia no se ha acabado porque me sigue preocupando y si me sigue preocupando es porque me lo han transmitido, no en el colegio sino en mi habitación, en la cocina, me lo ha transmitido la familia. Es por eso que digo que la historia pasa mucho más en las cocinas, las habitaciones de los niños o los dormitorios. Más que en los campos de batalla, los parlamentos o las antecámaras del rey. Y es precisamente por eso por lo que la historia no se para nunca, salvo cuando se pide perdón y alguien da ese perdón. En ese momento puede haber gestos de reconciliación y empezar, no a olvidar, sino simplemente a poder vivir.

Turquía
La situación en Turquía es peor, eso seguro. Erdogan está cada vez más loco. Es un dirigente electo democráticamente, pero podemos empezara a hablar de ciertas democraturas, porque es cierto que hay una elección libre pero son autenticas dictaduras. Erdogan es un dictador que reutiliza cada vez mas y de la forma más violenta, el término de nación, el nacional-islamismo. Por eso la cuestión de los armenios es una cuestión política de ahora mismo. No hay ninguna esperanza de que Turquía reconozca el genocidio armenio.

Inmigración
La actitud de los inmigrantes hoy es distinta de la de sus padres, ha cambiado mucho. En primer lugar desde el punto de vista del trabajo, de la posibilidad de alimentarse, de educar a los niños, llevarlos al colegio, era más fácil para las generaciones de inmigrantes  de antes. En la crisis que vive Francia, los inmigrantes son las primeras víctimas de un paro crónico y masivo. La crisis afecta a todos los franceses pero aun mas a los inmigrantes. Es cierto que estos inmigrantes tienen el sentimiento, justificado, de que Francia no los acoge, no les da trabajo, no les permite ir a la escuela. Se respeta un modelo que te respeta y ellos tienen el sentimiento de que Francia no les respeta. Y  no se equivocan. Yo estoy de acuerdo con ellos. Basta con ver lo que pasa con la violencia policial. Es cierto que la policía francesa no respeta a la gente igual si son negros que si son blancos. Eso está claro y hay que decirlo. Y eso no pasaba en las generaciones precedentes. No quiere decir que fueran acogidos con los brazos abiertos, también había dificultades, Pero tenían trabajo y podían alimentar a sus hijos y prosperar. Eso es imposible hoy y no es culpa de los inmigrantes que llegan. Es Francia la que ha cambiado.

El momento actual en Europa
Es un momento tremendamente peligroso. Es algo que no podíamos llegar a imaginar que pasara No pensábamos que pudieran resurgir los fascismos, o eso que los teóricos llaman el post fascismo, porque no es exactamente lo mismo, pero la matriz es la misma, no es exactamente un neofascismo sino un post fascismo. Pensábamos que eso había desaparecido y en cambio ha resurgido y ha seducido a las clases populares. Las izquierdas de todos los países tienen que despertar, reconstruirse, volver a ser poderosas como  izquierdas alternativas que propongan cosas, no una izquierda que imite a la derecha. Yo creo que tenemos extrema derecha hoy porque no hay una verdadera izquierda en todos los países europeos.

Patria/Nacionalismo
Desconfío cada vez más de todas las reivindicaciones nacionales. Incluso la idea de patria es una idea que no me gusta. En Francia está muy mal visto decir esto, pero es una idea que encuentro cada vez más sospechosa. Hay una palabra, una de las más hermosas de la lengua alemana, que quiere decir lo mismo, pero no es lo mismo. Heimat es el hogar que se crea entorno a la madre, a lo cercano. En cambio Fatherland, la patria, el país del padre, es casi siempre el pretexto de una conquista, una imposición sobre los otros. Por eso creo cada vez menos en la idea de patria.


( si quieren ver la entrevista y el programa entero hay que entrar en la web de beteve, buscar Programes y allí La Cartellera)




sábado, 18 de marzo de 2017

BESTIAS


La Bella y la Bestia
Se ha estrenado esta semana la versión life del musidibu que Diseny lanzó hace exactamente 25 años de La Bella y la Bestia. A mi me gusta (una perversión la tiene cualquiera) porque me gusta el musical, porque me gusta Emma Watson y porque me gusta el cuento. Eso no quiere decir que no reconozca que esta Bella y esta Bestia del 2016 son francamente viejas, o viejunas, que es una palabra que le gusta mucho a mi amigo Juan Francia. Es una versión viejuna no solo por la historia, lo es sobre todo por la puesta en escena. Y ahí llegamos a un tema que lleva de cabeza a la crítica desde que el cine existe. ¿Una película es reaccionaria, conservadora o progresista por su historia o por la forma en que se cuenta? Viejo (no viejuno) debate que sigue en el aire y que esta nueva versión del cuento de Gabrielle-Suzanne Barbot, publicado nada menos que en 1740, nos permite estudiar. El cuento es el que es: Bella es una hermosa niña que por salvar a su padre se sacrifica y acepta ser prisionera de la Bestia de la que acaba enamorándose a pesar de su aspecto y a la que libera de la maldición. Punto. Pero con este argumento se pueden hacer muchas cosas. Por ejemplo, lo que hizo Jean Cocteau en 1945, hace ¡72años! en una película que no es ni vieja, ni viejuna, sino tremendamente moderna. Por su puesta en escena desde luego, pero también por la mirada sobre Bella y sobre la Bestia y por la forma como resuelve su historia de amor. Bella salva a la Bestia que se convierte en un apuesto caballero y juntos emprenden un viaje hacia el infinito, hacia la aventura. No como la pobre Bella de Disney que acaba en brazos de un melifluo y blandengue príncipe azul, bailando en un castillo de mona de pascua, rodeada de estúpidos cortesanos. Pobre Bella, ¡menudo destino! Bill Condon ha perdido la oportunidad de hacer una Bella del siglo XXI. O a lo mejor no, y esta Bella acomodaticia y cursilona es la que corresponde a los tiempos de regresión política y social que corren en este principio de siglo.


Safari
Las bestias de Safari son diferentes. Y no me refiero a los pobres animales muertos arbitrariamente en  los parques temáticos. Las bestias son gordas, sebosas y viejas (también hay delgadas y jóvenes, todo hay que decirlo). Son esas bestias que Ulrich Seidl ha puesto delante de su cámara desde que empezó a hacer cine hace ya casi treinta años. Austríacos de clase media, pequeños burgueses sin ningún interés que en este caso disfrazan de aventura lo que no es más que un cobarde y aburrido paseo por un parque temático con animales muertos. No hay nada de épica, no hay nada de peligro. Solo hay unos perezosos humanos que arrastran su aburrimiento por una sabana seca y árida dejando que sean otros, los guías y sobre todo los silenciosos nativos, los que les hagan todo el trabajo. Ellos solo disparan cuando les dicen que lo hagan y, eso si, se hacen unas tremendas fotos junto a los cadáveres convenientemente colocados ¡esas cabezas que no quieren quedar altas e insisten en caerse a un lado porque están muertas! La gracia de Seidl, desde sus orígenes, es que no juzga a estos seres estúpidos, solo los retrata y ellos se prestan. Muchas veces me he preguntado ¿por qué aceptan salir en sus películas? ¿Es que no las ven? Pero por lo visto, a la clase media austriaca ya le parece bien que enseñen sus vergüenzas. Por algo son la clase superior, esa de la que surgió Hitler y que veía en él su mejor representante. A favor de Safari tengo que decir que Ulrich Seidl, aun siendo fiel a sus planos frontales y estáticos de composiciones barrocas y fascinantes, sale al aire libre para seguir a sus cazadores cámara al hombro y, sobre todo, entra en las viviendas y los almacenes de los nativos a los que contempla con una mirada más respetuosa que a sus depredadores y a los que enfoca descuartizando animales en una secuencia que parece un cuadro de Francis Bacon animado.





viernes, 10 de marzo de 2017

PATRIAS


(en las playas cerca de casa no hay minas, pero si ¡cosas muy raras!)
Bajo la arena. Quizás no les suene este título ya que la película se ha estrenado como Land of Mine. Algo así como Tierra de minas o Mi tierra. Las dos traducciones son válidas para este film que encierra la muerte bajo la arena. Es danés, pasa en 1945, cuenta como los prisioneros de guerra alemanes, la mayoría adolescentes reclutados en el último año de la guerra, fueron obligados a desactivar las dos mil minas que los nazis plantaron en las costas del mar del norte. Murieron mas de la mitad. Tenían menos de 18 años. Es un episodio poco conocido y bastante bochornoso de la historia de la segunda guerra mundial. Los daneses lo intentaron ocultar durante mucho tiempo. Ahora un director joven lo saca a la luz. El film es inteligente, seco, de una belleza deslumbrante en sus paisajes, en su luz, sus encuadres. Una belleza que te remueve por dentro. Y no por lo que les obligan a hacer a estos chicos en las playas de arenas blancas, cosas más terribles se perpetraron durante esos años oscuros para el mundo. Lo que te revuelve por dentro es el odio que destilan los daneses contra los alemanes. Un odio tan grande que les impide darles lo mínimo indispensable, un odio profundamente arraigado.



Y este odio me permite enlazar con una novela que acabo de leer y que me ha impresionado mucho. No soy ni la primera ni la única que habla bien de ella. Se trata de Patria de Fernando Aramburu. La novela me gusta por su construcción. Un puzle de distintas piezas que poco a poco van encajando entre si hasta ir dibujando un paisaje de miedo y de odio. Personajes y acciones avanzan y retroceden en el tiempo delimitando los contornos de un mundo que durante años alimentó el huevo de la serpiente de la intolerancia, la supremacía, el desprecio, el odio en definitiva, en nombre de una Patria que había que salvar de los invasores. Odio que viene acompañado del miedo y la cobardía, del mirar a otro lado, del pensar “algo habrá hecho”. La historia pasa en San Sebastián y un pueblo cercano; los años son los que van del 1985 al 2011; los personajes, dos familias vascas cien por cien, una con un asesinado, la otra con un asesino. Lo que me ha impresionado de esta novela es ver reflejada una sociedad que he vivido en primera persona en los años que estuve trabajando en el Festival de San Sebastián y que coinciden con los de la novela. De hecho, la primera manifa y quema de autobuses que viví en Donosti es también la primera que aparece en el libro. Y a partir de ahí, reconocí atentados, momentos, espacios. Y sobre todo actitudes. Quizás lo único que echo en falta en este libro ejemplar es algún apunte sobre el hecho de que también había vascos en contra de ETA, gente que no le tenía miedo. Los he conocido, los he escuchado condenar sus atentados, denunciar una situación emponzoñada. No eran muchos, pero haberlos los había.
Hay dos  ideas que me genera esta novela:
Una: los escritores vascos, con honrosas excepciones (los cineastas se arriesgaban un poco mas), no estuvieron a la altura del clima de odio y venganza que se engendraba en sus calles. Un personaje lo dice en el libro: “Le parecía que, hasta la fecha, a las víctimas del terrorismo se les ha prestado poca atención por parte de los escritores vascos. Interesan más los victimarios, sus problemas de conciencia, su trastienda sentimental y todo eso. Además, el terrorismo de ETA no sirve para atacar a la derecha. Para eso es mucho mejor la guerra civil.”
Dos: el discurso del odio, de la superioridad, del sentirse diferente y por lo tanto con derecho a expulsar del “paraíso de la Patria” a los que no son dignos de disfrutarlo, en Euskadi ha empezado a remitir (aunque el penoso episodio del programa de ETB sobre España y la lamentable reacción de una parte de esa otra Patria, tan intolerante como la primera, dejan claro que los rescoldos siguen ahí). Pero si en Euskadi va a la baja, en Catalunya va al alza. El sentimiento de “yo soy diferente”, del "nosotros" y "los otros", se extiende como una mancha de aceite, lo contamina todo poco a poco y hace crecer ese otro huevo de la serpiente que en Catalunya ha incubado un nacionalismo excluyente y con tintes cada vez más nacional/populistas. Aquí todavía no hay violencia y espero que no la haya nunca, aquí el discurso del miedo no funciona igual, hay mas pluralismo, mas puntos de vista, pero hay un peligro real de que la situación se envenene y acabe por afectarnos a todos. 


(la mujer embarazada dibujada por Ramon no tuvo nunca dudas)
Cambio de tema
Esta semana se estrena una película belga. Se llama 9 meses. Con ella me pasa una cosa muy curiosa, me parece interesante, pero detesto a uno de sus personajes. Es una película sobre un embarazo adolescente. Una chica y un chico de quince años se encuentran con un bebe de camino. ¿Qué hacer? Dudan, es lógico. Toman su decisión juntos, es lógico. Buscan apoyo en los padres, en unos encuentran comprensión, en otros, rechazo. Todo lógico. Pero al final, la chica actúa por su cuenta. Es esa reacción la que me molestó profundamente. Y no solo en la historia que nos cuenta el film. Me molesta porque es algo que se hace (hacemos) muchas veces. Hay un problema provocado por dos partes al 50%. Hay varias soluciones, se barajan, se estudian, y se escoge una entre los dos. Se asumen las consecuencias. Y cuando llega el momento, una de las dos partes toma una decisión sin consultar al otro y sin pensar en lo que puede afectar a todos. Tiene quince años, decían para justificar lo que hace la niña. Yo pienso que no importa la edad para ser responsable de tus actos. 

sábado, 4 de marzo de 2017

CHICAS Y VIAJANTES


(esta chica de Ramon no es desconocida, pero me recuerda mucho a Jenny)
Llevo una semana buscando a La chica desconocida.  Mas que buscando, acompañando a Jenny, la protagonista de la película de los Hermanos Dardenne, en su búsqueda. Llevo una semana a su lado, escuchándola, viéndola, entendiéndola. La razón es muy sencilla. Los Dardenne, Luc y Jean Pierre, han estado en Barcelona para presentar una retrospectiva en la Filmoteca que comenzaba precisamente con su último trabajo: La chica desconocida. Los entrevisté hace unos días después de ver la película. Y eso me ha hecho convertirme durante esta semana en la compañera de Jenny.  Hay muchas cosas interesantes de las que hablar a partir de este film sobre una médico de familia en Lieja que tiene una tremenda sensación de culpa por un acto involuntario. Jenny no mata a la chica desconocida, pero ella se siente culpable. La chica desconocida se apodera de ella, la posee moralmente, hace que esta joven doctora no pare hasta averiguar quién era esa mujer negra, casi adolescente, que una noche llamó a su puerta.
Una de las preguntas que les hice a los Dardenne fue: ¿Jenny es una metáfora de Europa, Jenny nos representa a todos, haciendo oídos sordos a la llamada de los refugiados y los inmigrantes en nuestras puertas? Sí y no. Sí, desde luego, pero los Dardenne son mucho más inteligentes para dejarse llevar por la simple metáfora política y social. Jenny es una mujer cansada de una jornada de trabajo. Y si no abre no es por desprecio o por no dejar entrar en su espacio a esa persona que llama fuera de horario. Es porque no puede más y quiere irse a casa. Pero Jenny, como Europa, tiene conciencia y sabe que hizo mal. Sabe que no se puede mirar a otro lado y que hay que afrontar las consecuencias de sus actos. Las dos chicas desconocidas de la película, Jenny de la que no sabemos nada de su vida y su pasado y la joven negra, dejan de serlo cuando finalmente la doctora de barrio consigue darle un nombre a la inmigrante sin papeles. Un film de los que te hacen pensar.



(valdría la peana releer el texto de la obra de Miller)
 Viajantes, en plural. Porque en El viajante, flamante Oscar a la Mejor Película Extranjera de este año, dirigida por el iraní Asghar Farhadi, hay dos viajantes como en la chica había dos chicas. En el cine iraní ha habido tres directores indispensables hasta ahora: Kiarostami, el poeta, Mahmalbaf, el ensayista, Panahi, el cronista. A esta lista se suma desde hace unos años Farhadi, al que podíamos denominar, el novelista. De los cuatro, Farhadi es el que mejor ha retratado el Irán contemporáneo al centrar sus historias en personajes de clase media, sin graves problemas económicos, matrimonios en crisis por motivos casi siempre ajenos a ellos. La primera película de Farhadi que vi fue en el 2009. Se llamaba A propósito de Ely y era una especie de versión iraní de La aventura de Antonioni. Me gustó mucho y sobre todo me llamó la atención la modernidad de sus personajes. Dos años después Nader y Simir, una separación, confirmó que Farhadi era un director con una sensibilidad especial para retratar conflictos familiares. Ganó un Oscar. El pasado, seguía esta línea, pero el hecho de suceder en Paris, fuera de su espacio, la hacía ser un tanto extraña. Con El viajante, Farhadi vuelve a recuperar el pulso de su sociedad, de su contexto, de su gente. Y vuelve a un matrimonio que se enfrenta a una crisis inesperada al mismo tiempo que ensayan y representan en un teatro La muerte de un viajante de Arthur Miller. El guión del propio Farhadi combina las dos tramas, la del teatro y la de la vida haciendo que entre en el drama un segundo viajante, un hombre viejo y acabado como el Willy Loman de Miller. Mientras escribía esto me he dado cuenta de que Farhadi está escribiendo una especie de Comedia Humana (Tragedia humana) que tiene una continuidad en sus personajes femeninos: la Ely de su primera película, se quiere divorciar con el nombre de Nader, se marcha a Francia para vivir como Marie, pero vuelve a Teherán dispuesta a recomponer su matrimonio convertida en Rana. Tras el incidente que cambia toda su vida ¿qué camino tomará la Protagonista de Farhadi en los rasgos de Penélope Cruz y en España? .




sábado, 25 de febrero de 2017

NEGRITUD Y ANIMACIÓN






(no todos los negros son iguales)
El año pasado con motivo de las quejas sobre el supuesto racismo en Hollywood por la falta de películas y nominados de color en la ceremonia de los Oscar, escribí esto en el blog:
El espinoso asunto del racismo en  Hollywood y en las nominaciones a los premios. De las llamadas al boicot, las bromas más o menos acertadas y las reivindicaciones profesionales, me quedo con una idea: “señores de la industria, queremos las mismas oportunidades”. Así que decidí fijarme que oportunidades habían perdido los actores y actrices de color en las películas nominadas este año. Tomando como referente los títulos en danza para los premios gordos me di cuenta de que los actores de color no habían perdido oportunidades, simplemente porque no tenían  ninguna oportunidad. El problema no es que escogieran a un blanco en lugar de un negro. El problema es que no había papeles para los negros. El racismo, si es que existe, empieza en las historias que se filman.
Parece como si me hubieran hecho caso, aunque eso es imposible, porque en el momento de la ceremonia, la mayor parte de las películas de negros y con negros que se han estrenado este año y figuran en las nominaciones ya debían estar escritas e incluso rodadas. El caso es que este año se han estrenado un montón de películas Negras. Y siguiendo con el mismo método que utilicé entonces para demostrar(me ) que no podía haber personajes negros en los films, lo aplico ahora a los cinco títulos negros que están en danza en los que no podía haber personajes blancos:
Moonlight, historia de un hombre (niño, joven, adulto) de los guetos de Miami. Es la mas interesante de las cinco películas negras. La que tiene un planteamiento mas arriesgado en estilo y en contenido.
Figuras ocultas, historia (real) de tres mujeres de color en la Nasa de los años sesenta. Es un biopic muy convencional, incluso condescendiente, pero bienvenida sea la reivindicación de estas mujeres.
Loving, historia (real) de una pareja mixta hombre blanco/mujer negra en los años 50. Melodrama mas que otra cosa, el film de Jeff Nichols (blanco) se aguanta sobre todo por su pareja protagonista
Fences, obra de teatro del gran autor de la negritud August Wilson. Denzel Washington tiene tanto respeto a la obra que se le olvidó que estaba haciendo una película. De todos modos es un gran texto,
El nacimiento de una nación, historia (real) de un esclavo que protagonizó la primera revuelta contra sus amos blancos. Si el primer Nacimiento de una nación, Griffith, 1915, era una película ideológicamente marcada en su contenido pero absolutamente revolucionaria en sus formas, esta de Nate Parker, es sumisa en su historia y tremendamente  convencional en su forma.
Lo que está claro es que son películas que solo podían hacer los afroamericanos. Seguro que su presencia tendrá mucho protagonismo la noche del domingo. Eso con el permiso de Donald Trump que se llevará la mayor parte de los minutos en los parlamentos de la ceremonia.






Mi vida como calabacín. No tenía ni la más remota idea de lo que se podía esconder detrás de este título vegetariano. Podía ser cualquier cosa, menos lo que fue. No sé si quiero escribir mucho más de esta triste y feliz película, de esta terrible y esperanzada historia, de estos niños olvidados que encuentran un espacio de complicidad donde menos se lo esperan. Vayan a verla y descubran ustedes mismos que hay detrás del calabacín. Se reconciliaran con una parte de la humanidad, detestarán a otra y saldrán con una sonrisa entre las lágrimas.

También están olvidados los niños de los Psiconautas, la película que ha ganado el Goya a la Mejor Animación. Niños que intentan escapar de una isla destruida donde los psicopájaros malvados, los estúpidos perros policías y las ratas avariciosas, no les dejan vivir. Viajeros de la mente y del alma, Dinki, la ratoncita, Sara, la conejita, Zorrito y sobre todo Birdboy, el Niño/Pájaro, emprenden una aventura para liberarse de su entorno. Y nosotros con ellos, a su lado.
Dos películas que demuestran que el cine de animación para adultos no solo es posible, sino muchas veces es maravilloso.

sábado, 18 de febrero de 2017

NOMBRES PROPIOS



JACKIE
Qué difícil es contar algo muy conocido y ser capaz de decir algo nuevo. Qué difícil es hablar de una situación y un personaje que todo el mundo tiene en su imaginario y conseguir provocar la sorpresa, el descubrimiento. Es algo que solo está al alcance de los grandes directores y de los grandes guionistas. Es el caso de Pablo Larraín y de Noah Oppenheim que con Jackie trascienden el personaje y van mucho más allá de la situación. Jackie es Jacqueline  Kennedy y la película cuenta que sucedió los días después del asesinato del presidente Kennedy en Dallas. El film se articula en torno a una entrevista a la ex primera dama. Hay una frase en esa entrevista que me impresionó. El periodista le comenta a Jackie que su manera de hablar de Kennedy recuerda a la realeza. Y ella contesta: “Para hablar de realeza se necesita tradición y para hablar de tradición necesitas tiempo”. Tradición y tiempo, dos elementos que los Kennedy no tuvieron y que Larraín, con su inteligencia hace que sean los ejes para desarrollar el conflicto de esta mujer que tuvo que decidir si quería hacer un duelo público o privado. Y optó por lo público en aras precisamente de esta tradición y de ese tiempo. Contenida, austera, verdadera, aunque no se ajuste la realidad ya que nadie sabe lo que le pasaba a esta mujer en su interior en esos días terribles después de Dallas. Absolutamente absorbente, Jackie no es un biopic, no es una película histórica, no es una más sobre el asesinato de Kennedy. Es el retrato de una mujer que tenía muy claro que no tenía nada. “Hay dos clases de mujeres en el mundo, las que quieren poder en el mundo y las que quieren poder en la cama. ¿En qué me he convertido yo ahora?” le pregunta Jackie al sacerdote que interpreta John Hurt. No hay respuesta.
Nota: la presencia continuada de la música de Camelot, cuatro años antes de que existiera la película de Joshua Logan, le da al film de Larraín un tono de romanticismo y de nostalgia por un reino perdido. Pero lo mejor es que despierta el deseo irrefrenable de volver a verla y de ponerse a cantar con el rey Arturo, Ginebra y Lancelot.




(hace muchos años estuve en el rodaje de una película de Penélope Cruz en Túnez. No recuerdo donde estábamos, pero el hotel se parecía mucho al que aparece en esta película)

HEDI
¿Qué diferencia hay entre un sueño y un proyecto? ¿Un proyecto es un sueño hecho realidad? ¿Un sueño es un proyecto que no llegó a hacerse? Esta pregunta flota en la película tunecina Hedi. Y flota no solo por encima de su personaje, flota por encima de todo el paisaje del norte de África. Hedi es un joven callado y aparentemente sin ambiciones, fácilmente manipulable por su dominante madre, su despótico jefe y su convencional hermano. Hedi es como Túnez, un país sin ambiciones. Pero no es cierto, porque Hedi tiene un sueño y quiere que ese sueño se convierta en proyecto. Como el país que tenía el sueño de la libertad y tras el estallido de la revolución del 2011 que dio origen a las primaveras árabes y de paso a los indignados europeos, empezó a convertirlo en proyecto. Aunque no siempre los proyectos salen bien y además, exigen muchos sacrificios. Hedi debe enfrentarse a su familia y a su entorno y debe renunciar a una aventura de amor y de cambio: Túnez se enfrenó a una estructura de poder anquilosada y tuvo que renunciar a su (falso) bienestar económico y cultural. Hedi no sabe si su decisión ha sido la correcta; Túnez sabe seis años después, que el sueño se hizo trizas y que el proyecto (el colectivo del mundo árabe) cayó en manos de talibanes que lo han pervertido.



MIREIA

Pero hay veces que los sueños se convierten en proyectos y los proyectos llegan a hacerse realidad. “Para que recuerdes que remando con fuerza se puede llegar a buen puerto”, escribió mi hermana Mireia en la dedicatoria que me hizo de su libro La Capitana Dofi, un relato de iniciación y de aventuras en el mar, de misterios y tesoros, de fidelidad y de amor a la vida. Un libro que está pensado para los niños y los adolescentes, pero que cualquier adulto puede disfrutar en su (aparente) sencillez y en su (profunda) historia. Acaba de salir y desde aquí lo recomiendo a todos. Felicidades Mireia¡¡¡

sábado, 11 de febrero de 2017

MEMORIA


(en 1998 estaba en Turín con Ramon, seguramente coincidiendo con Massimo)
Hay películas que funcionan como despertadores de la memoria. No tienen que ser buenas películas, ni siquiera películas interesantes. Su función es otra. Aunque desde luego, mucho mejor si además de accionar los mecanismos del recuerdo son buenas películas, películas interesantes. Para mí, el último trabajo de Marco Bellocchio, un director que no figura entre mis favoritos, ha sido ese despertador. Felices sueños es un film evocador.
La historia es la de Massimo y su madre. Massimo que pierde a su adorada madre a los nueve años sin saber nunca como murió. Massimo que arrastra toda su vida esa ausencia, ese vacío que le incapacita para sentir el dolor ajeno (Sarajevo y la guerra de los Balcanes). Massimo que sufre ataques de pánico y acaba a los cuarenta años, asumiendo sus heridas y tras un baile frenético y liberador, siente que quizás puede empezar a vivir de verdad.
Pero si solo fuera eso, no sé si estaría escribiendo en este blog. Lo que me impulsa a escribir y lo que le agradezco al veterano (no me gusta la palabra viejo que implica decadencia y en Bellocchio no la hay) director italiano es la evocación.
De repente, mientras la veía, me puse a pensar: ¿Qué hacía yo en el año 1969 cuando Massimo baila un twist con su madre y mira Belphegor en la tele? Y me acordé. Tenía 19 años, llevaba un año viviendo con Ramón, estudiaba geografía y veía Belphegor¡¡¡ Claro que en otro contexto, (España no era Italia) y con diez años mas que Massimo. La siguiente fecha que me produjo esta sensación fue 1974. Massimo tiene quince años y es un adolescente que calla cosas. Yo tenía 24 y vivía en un país muy siniestro. Siempre pensé que los años sesenta fueron una explosión de luz, pero los primeros setenta fueron una sombra cada vez más negra y amenazante sobre nuestras cabezas. Luego hay un salto hasta el 92 o el 93. Massimo está en Sarajevo. Esa fecha me trajo a la memoria un flash de un momento muy especial. Estaba en  Venecia, en la Mostra de Cine. Era por la tarde, ya había acabado el trabajo del día y estaba con dos amigos italianos, Vincenzo y Angela, sentados en un bar donde tenían la televisión puesta. Y vimos, creo que fue la primera vez que fui consciente, el horror de la guerra de los Balcanes que estaba pasando allí, enfrente de donde nosotros tomábamos un Bellini. Fue un shock. De repente los tres tuvimos claro que algo se había roto para siempre. Nunca pudimos imaginar que fuera tan profunda la ruptura y con consecuencias tan nefastas para todo el continente.
Hay otra fecha importante en la película, 1999, cuando Massimo deshace el piso familiar y de paso sus nudos internos. En 1999 yo estaba punto de cumplir 50 años. Trabajaba en el Festival de San Sebastián y me sentía en un momento de gran plenitud. Nada que ver con el pobre Massimo. Pero la película me hizo pensar si yo había sido capaz de deshacer mis propios nudos. Y no estoy tan segura.
Pido perdón por este post tan personal y hacia dentro. No tiene porque interesarle a nadie lo que a mí me pasaba o dejaba de pasar. Pero es un blog y escribo lo que siento. Es una de las pocas, o mejor dicho, la gran ventaja de escribir libremente.
En todo caso, Felices sueños es una película para ver y para darse cuenta que los 77 años de Marco Bellocchio no solo no son un problema para hacer una película como ésta, sino que, probablemente, sean una ventaja.


También se ha estrenado Moonlight, otra película sobre el crecer, sobre el hacerse adulto y asumirse. Es muy sencilla en su belleza y en su historia, pero es muy compleja en sus emociones. Se ha hablado mucho de ella estos días. No voy a insistir. Pero si la recomiendo.