sábado, 14 de enero de 2017

COLORES


(colores de Ramon para una película de colores panorámicos)
Amarillo
En realidad podría ser rojo, verde, azul, rosa, naranja… La La Land,bautizada aquí como La ciudad de las estrellas, es un delirio de colores y de canciones. Me alegra un montón ver que una película musical “como las de antes” triunfa no solo en los premios sino entre el público. Me confirma en la idea de que hay ganas de ver algo más en el cine que un reflejo de la propia vida. El algo más puede ser de muchos tipos, (austero, abstracto, del oeste, negro, intelectual, o musical) pero algo más.
La La Land es una hija directa del cruce entre Cantando bajo la lluvia y Los paraguas de Cherburgo. De la primera tiene el encuentro entre los dos protagonistas en un atasco y el ambiente de los estudios de rodaje; de la segunda tiene ese final agridulce de un amor que se recordará siempre. De las dos toma los colores, el ritmo, las canciones que forman parte de la historia y los personajes entregados a una pasión. Hay un tercer referente obligado (y citado) Rebelde sin causa, de Nicholas Ray. La hermosa secuencia de baile en el cielo del Planetario resume un amor al cine en el que se funden todos los hilos que tejen este tapiz musical. Han pasado 64 años de Cantando bajo la lluvia, 61 de Rebelde sin causa y 52 de Los paraguas de Cherburgo, pero no importa. Todas juntas  forman una cadena única que une sentimientos y colores. Amarillo sobre todo.


(una chica de Ramon vestida de azul)
Azul
Siguiendo con la idea de dar algo más que la vida real que nos rodea, el último trabajo del inclasificable Eugène Green y primero que se estrena entre nosotros, es una de aquellas películas que yo recomiendo mucho, pero con las reservas de advertir que hay que verla con los ojos muy abiertos a una nueva forma de contar. En realidad no tan nueva, ya que Green bebe directamente de Bresson y de Dumont, pero añade a este lenguaje del plano fijo y frontal, de los recitativos, de las actitudes estáticas, un sentido del humor y de la ironía que los otros dos raramente tienen.  Me doy cuenta que aun no he dicho de que película estoy hablando. Se llama Le fils de Joseph y es una especie de parábola bíblica (no se espanten) dividida en cinco capítulos. Es la historia de un adolescente Vincent, educado en solitario por su madre Marie que nunca le ha explicado quién es su padre. Vincent quiere averiguarlo y cuando descubre que es un editor de moda, pedante, egoísta y cínico, decide vengarse de él. Pero el destino quiere que se encuentre con Joseph y su vida cambie. Lo mejor de esta película, aparte de su uso del espacio y el color, especialmente el azul que domina todo, azul que es el color de la virgen, azul que viste Marie, la madre, en el ultimo capitulo, La huida a Egipto, lo mejor, digo, es que es tremendamente feliz, optimista, un triunfo en toda regla de la bondad frente a la estupidez. Y un canto a la cultura como conocimiento: Caravaggio, el  Louvre, el poema barroco de Domenico Mazzocchi; frente a la cultura como espectáculo, el snob editor y la absurda crítica literaria que interpreta Maria de Medeiros.  Un placer encontrarse con films como éste.


(le he pedido a Ramon que me dibuje una tortuga roja, es ésta)
Rojo
El de la gran tortuga del cuento en imágenes La tortuga roja, una joya de la animación japonesa combinada con la mirada de un director holandés. Minimalista en su dibujo y clásica en su narración, este precioso film es una mezcla de Naufrago y La Sirenita, o mejor dicho La Tortuguita. Lo más bonito de todo es que no hacen falta palabras para seguir la historia del pobre naufrago que llega a una isla desierta, bueno no tan desierta: hay cangrejos, pájaros, peces… hay agua y hay árboles con los que quiere construir una balsa. Pero cada vez que intenta escapar de la isla, una fuerza misteriosa se lo impide. Es ahí donde aparece la gigantesca tortuga roja. Y donde nosotros nos dejamos llevar por el silencio, la música, el ritmo, la lluvia, el mar y sobre todo, por la tortuga roja.

Arco Iris

El que me hizo sentir Meryl Streep en su discurso en los Globos de Oro del pasado domingo. Un  rayo de sol en medio de la tormenta que se nos avecina. Una luz de colores para enfrentarse a la estupidez, la mediocridad, la incultura y lo peor, la falta de respeto. 

sábado, 7 de enero de 2017

DESIERTOS


Hay muchas clases de desiertos. Casi todos son peligrosos y adentrarse en ellos implica una buena dosis de sacrificio. Pero también pueden ser transformadores y liberadores. Además de muy hermosos como paisajes aparentemente muertos, aunque llenos de vida escondida.
Esta semana se estrenan tres películas que tienen el desierto en común. Un desierto físico, un desierto místico y un desierto del alma.


 (una montaña de Ramon que podría estar en un desierto)
Desierto físico
Desierto es el título de la segunda película de Jonás Cuarón, protagonizada por Gael García Bernal. Este terrible territorio blanco y rocoso es el agorafóbico espacio que los inmigrantes latinos ansiosos por llegar a la tierra prometida del norte tienen que cruzar arriesgando sus vidas. El muro que Trump quiere erigir en la frontera con México ya existe en forma de calor, hambre, sed, serpientes, cactus y piedras, todos ellos obstáculos que los inmigrantes pueden entender y a los que están dispuestos a enfrentarse. A lo que no pueden enfrentarse es al odio de un cazador solitario y su temible perro, dispuesto a impedir que esa chusma del sur ensucie su preciado mundo con su presencia. Cuarón afirmaba en el festival de La Habana que “Desierto es una pesadilla que el discurso de Trump contra los migrantes puede convertir en realidad” y justificaba el personaje del cazador asesino  explicando: “Está inspirado en la retórica de odio que hay en Estados Unidos y en esa sociedad vulnerable y marginada que, si sigue recibiendo mensajes violentos, tarde o temprano van a agarrar el rifle y jalarán el gatillo. Si no se cambia el discurso, esa gente comenzará a buscar chivos expiatorios.”  Desierto es una película política pero también un western metafísico entre dos personajes, dos hombres que juegan al gato y al ratón, o mejor al perro y al conejo, sabiendo que solo uno podrá sobrevivir. En Desierto, Cuarón ha conseguido fusionar  la sensación de soledad y aislamiento de Gravity, escrita por él y dirigida por su padre, Alfonso, con la lucha de clases de La caza de Saura, el terror animal de El perro de Isasi Isasmendi y la belleza abstracta de Gerry de Gus Van Sant. No se olviden de una botella de agua cuando vayan a verla, la necesitarán.




(foto de rodaje de Santiago Fillol)
Desierto místico
Así podemos definir el desierto de las misteriosas Mimosas de Oliver Laxe. Mimosas es, desde su titulo, un enigma, un cuento, un viaje. Western oriental que atraviesa un paisaje de lagos de un azul profundo en las altas montañas nevadas del Atlas marroquí, esta preciosa historia de inspiración sufí, es un viaje interior y exterior voluntariamente no datado en el tiempo ni en el espacio. Una caravana dirigida por un viejo jeque intenta llegar a una ciudad santa a través de las montañas. Cuando el jeque muere, la caravana se desintegra. Solo dos hombres, Ahmed y Said, se comprometen a llevar el cuerpo del jeque hasta su destino. Junto a esta historia hay dos más. La que sucede en un universo paralelo donde Shakib, un alma limpia, inocente y pura es escogido para cruzar al otro mundo y ayudar a Ahmed y Said en su misión; y la del propio rodaje que tuvo que vencer múltiples dificultades de frio, nieve y accidentes, llevando a lomos de mulas el material cinematográfico para rodar en 35 mm., mientras Oliver Laxe y Santiago Fillol reescribían día a día el guión en función de los obstáculos a los que se enfrentaban. “Quería perderme en el camino, quería colocarme en una posición en la que no sabía por dónde ir, como los personajes de la historia. Quería hablar de otro nivel de percepción, otro nivel de entender el mundo. La película habla de alguien que en cierto modo se deja ir a su aire, que se entrega a su intuición Los obstáculos hacen que el film se haga a si mismo, los obstáculos determinan las elecciones que haces.” Al salir compren un ramo de mimosas amarillas para seguir “oliendo” el aroma de esta película.




Desierto del alma
Oliver Laxe decía al hablar de su film que “la gente tiene sed de un cine de proporciones espirituales”. Es cierto. Pero ese cine de proporciones espirituales no lo encontrarán en Silencio, el opresivo y asfixiante silencio de Dios que domina la última película de Scorsese. Silencio muestra ese desierto del alma en el que sus dos misioneros portugueses se encuentran perdidos. Una historia que sucede en  el Japón del siglo XVII pero puede ser entendida en cualquier época. Porque en el fondo, Sebastián, el misionero que se adentra en lo más profundo del mundo japonés en busca del traidor Cristóbal Ferreira, no es más que una nueva versión de Marlow buscando a Kurtz en el corazón de las tinieblas. Scorsese sabe que no puede ser místico ni espiritual, Scorsese es religioso (que no es lo mismo), Scorsese entiende la religión católica como una forma de vida aquí y ahora (no hay un Cristo más terrenal que el de La última tentación de Cristo). Por eso el viaje al horror de Sebastián le llevará a sufrir torturas físicas pero aun peores torturas mentales que le provocan una crisis de fe al constatar la inutilidad de esa religión que quiere imponer a un pueblo que no es capaz de entenderla. Silencio deja muy claro que el sincretismo religioso que se produjo en Latinoamérica, en Japón era completamente imposible. Esta historia en manos de un director mediocre o peor aun de un director dogmático, sería insoportable. Pero es Scorsese el que se enfrenta al reto y lo hace con una película tan austera en su belleza, tan sensible en sus personajes y tan rigurosa en su discurso que uno no puede más que sentirse arrastrado a compartir con él y con sus misioneros, el dolor del silencio de Dios. Si tienen curiosidad busquen el libro Silencio de Shusako Endo en la primera librería que encuentren al salir del cine.


sábado, 31 de diciembre de 2016

FUTURO


Acabo de leer un libro precioso. Se llama El bosque infinito y es de Annie Proulx, la autora de Brokeback Mountain. Es una historia de Estados Unidos y Canadá desde el año 1693 hasta ahora mismo contada a través de dos familias vinculadas a los bosques y la madera. Pero más que historia de Estados Unidos, debería decir que es la historia de la destrucción de un mundo (entendiendo por mundo, naturaleza y hombres) para construir una nación. Es terrible y aleccionador ver la capacidad de devorar los bosques con el único objetivo de ganar dinero y amasar grandes fortunas. Debo decir que leer este libro me ha hecho comprender la figura de Donald Trump, su incultura, su salvaje desprecio al entorno, su negacionismo respecto a la realidad actual. Hay una frase en el libro que me parece resume este personaje. La dice un alemán que a mediados del siglo XIX llega a los bosques  de Michigan: “los americanos solo tienen noción de tres años: el año pasado, el que estamos y el año próximo”. El resto, el antes del año pasado, la historia, el patrimonio, la experiencia y el después del año que viene, la herencia que dejaran a sus hijos, el futuro del planeta, no les importa nada. NADA.

No todos los americanos son así ni mucho menos, por suerte. Pero si lo es su inmediato presidente. Y si lo son muchos de los que le han votado. Y si quieren entender porque le han votado, no basta con leer el libro de Proulx, una película que se estrena este viernes lo explica bastante bien. Se titula Comanchería  y está dirigida por David Mackenzie. Comanchería es un western crepuscular y contemporáneo que parece un remake de Tierra de audaces (1939) de Henry King. Allí los dos hermanos Jesse y Frank James se dedicaban a robar bancos en venganza contra la compañía del ferrocarril que los había desposeído de sus tierras. En Comanchería, los hermanos Tanner y Toby Howard se dedican a robar los bancos que les han arrebatado sus tierras por no poder pagar las hipotecas y los prestamos. El paisaje es parecido en las dos películas: pueblos polvorientos y semi abandonados, granjas ruinosas, gentes empobrecidas y sin esperanza. Este ha sido el caldo de cultivo de muchos de los votantes de Trump que se han creído que el rubicundo magnate les iba a devolver la grandeza perdida. Una grandeza conseguida a fuerza de destruir el país sobre explotándolo sin control. Comanchería es un film de aventuras del siglo XXI, romántico y desencantado con dos héroes muy distintos: Tanner sabe que no tiene lugar en ese nuevo orden que ha surgido de la crisis y acaba como el Humphrey Bogart de El último refugio, perdido en las montañas; Toby, en cambio, consigue triunfar gracias al sacrificio de su hermano y acaba explotando la tierra sacando petróleo de ella. El petróleo  y el carbón que Trump en su estrecha visión de un año antes y un año después, considera indispensable para la economía. El futuro ¿a quién le importa?

sábado, 24 de diciembre de 2016

LIBROS DE AMIGOS

Esta semana de pocos estrenos me centro en libros, de cine y de no cine, que me han gustado y están escritos por amigos.


Un monstruo viene a verme
Las películas se disfrutan viéndolas. En el cine en primer lugar, en casa cuando llegan a las plataformas o al DVD. Pero hay otra manera de disfrutarlas. Los libros que hablan de ellas. Uno de los más bonitos de este año es el que Desirée de Fez escribió sobre Un monstruo viene a verme de J.A. Bayona. El libro es un precioso objeto donde se abren muchas puertas desconocidas para saber cómo se hizo y que había detrás de su historia y su producción.  Entrevistas, material gráfico inédito y el guión escrito por el novelista Patrick Ness completan este precioso objeto que permite revivir  “…ese momento en el que tu mundo se vuelve del revés y tienes que encontrar una salida.” (J.A. Bayona)
Un monstruo viene a verme. Desirée de Fez, Norma Editorial. 2016.



Sangre en los estantes
El título es tan sugerente que no queda más remedio que comprar el libro y leerlo para descubrir que no estamos ante una novela de Agatha Christie o de Manuel Vázquez Montalbán, sino ante una narración lúcida, divertida, inteligente y cercana de la novela negra y criminal a través de la mirada de un librero, Paco Camarasa, y una librería llena de estantes donde la sangre es negra de tinta, la añorada Negra y Criminal de la Barceloneta. Paco, como buen librero, ordena sus autores por orden alfabético, pero permitiéndose licencias y digresiones que le llevan a unir algunos de ellos en una sola entrada. Porque este es un diccionario, especial y negro, sobre un género que ha pasado de ser menor a ser alta literatura sin perder en el camino nada de su fuerza. Paco Camarasa  afirma en la L de lectura y L de libros y L de lectores y L de librero: “Creo que soy un buen librero porque he tenido la inmensa suerte de tener pocos pero buenos clientes que me han dado pistas, que me han transmitido su pasión por la lectura.” Esa pasión es la que él ahora nos contagia con Sangre en los estantes.
Sangre en los estantes. Paco Camarasa, Editorial Destino, 2016.



Historias de la desaparición. El cine desde Franz Kafka, Jacques Tourneur y David Lynch.
Este es un libro especializado. Es de los que se disfrutan desde la cinefilia y se aprecian desde la lectura. Se puede leer como un ensayo de suspense. El que nace de ese fuera de campo que implica la desaparición de un personaje en el cuadro de la pantalla. Desde La mujer pantera de Tourneur a Inland Empire de Lynch, el fuera de campo implica un misterio que Santiago Fillol llena con sus ideas y su teoría: “Una historia del fuera de campo es una historia de la invisibilidad que cada época del cine forjó y gestionó…El fuera de campo delata que entendía por invisible o por irrepresentable, o por alusivo, o por marginal, o por inconcebible, cada época del cine. Esa invisibilidad que observa el cuadro cinematográfico más allá de él, es también parte activa del imaginario de la historia del cine.” Fuera de campo, un espacio a descubrir en la pantalla.
Historias de la desaparición. Santiago Fillol. Shangrila. 2016.



Alló que va pasar a Cardós/Todo lo que sucedió en el valle
Esta es una novela. Una novela que me encantaría ver convertida en película. O en serie. Es una novela inesperada, insólita. Sucede en el año 1965 en un espacio tan poco habitual como los valles y montañas del Pirineo Catalán en la época en que se construyeron los grandes embalses del franquismo. Un crimen misterioso, el de un guardia civil que aparece muerto una noche de invierno, es el motor que pone en marcha una narración que se abre en distintas direcciones: la de una historia de amor imposible; la investigación periodística de la enorme obra hidroeléctrica que horadó y transformó los valles del Pirineo; la presencia de los hombres que vinieron del sur para hacer realidad esos sueños de grandeza franquista, y las ancestrales costumbres de pueblos encerrados en sus tradiciones. Ramon Solsona construye su propia obra hidráulica con los elementos narrativos que le dan un reportaje de una periodista, los testimonios en primera persona que vivieron esa época, el recuerdo de una profunda historia de amor y la corrupción que latía por debajo de esas obras inmensas. Allò que va pasar a Cardós es una novela negra, una novela romántica, una novela histórica. Con un añadido que la hace aun más atractiva: conserva el idioma de cada uno de los personajes, pasando sin problemas del castellano al catalán. Si pueden, léanla en su versión original. Es mucho más rica que traducida.
Allò que va passar a Cardós. Ramon Solsona. Proa, 2016.



Anochece en los parques
Ganadora del Premio Jaén de Narrativa Juvenil, 2016, la nueva novela de la guionista Ángela Armero es una propuesta “adulta” para la gente joven. Una chica de dieciseis años y un chico de diecinueve, en cierto modo marginados de una sociedad de consumo y normas sociales muy establecidas, cruzan sus vidas en una biblioteca. Ese es el punto de partida de una doble narración, la de Laura y la de Alexei que empieza en el parque del Retiro de Madrid y acaba en el Puente Carlos de Praga. “Quizá el amor sea encontrar esa persona que te permite mostrar al niño asustado que llevas dentro y que te abraza y te acuna y te convence de que todo irá bien.” Una historia de amor de ahora mismo que se lee como una película.
Anochece en los parques, Ángela Armero, Montena, Random House Mondadori, 2016

sábado, 17 de diciembre de 2016

LA COMUNA



La comuna
Hay mas distancia entre los años setenta del siglo pasado y ahora, que entre ahora, y por ejemplo, los años treinta del siglo XX. No es una perogrullada. Es verdad. Entre populismos de todos los colores (acabaremos por aborrecer la palabra y sus significados), y los moralismos que impone lo políticamente correcto, el mundo está pasando por uno de sus momentos más negros en lo que atañe al respeto individual de las personas. Por eso La comuna, la última película de Thomas Vinterberg parece una historia casi prehistórica. El film se ambienta a mediados de los años setenta, años en los que floreció un forma de vida en muchos lugares (incluida la franquista España) basada en la idea de comunidad. Hay un libro de José María Carandell, Las comunas, alternativa a las familias, publicado en 1972, donde esta experiencia  se cuenta, se analiza y se plantea. Sería bueno recuperarlo ahora para entender lo que sucede en este film. La comuna cuenta la reunión de una serie de personajes adultos y algún niño, que deciden vivir juntos, compartirlo todo y responsabilizarse unos de otros. Y hacerlo en libertad, con lo que eso significa de renuncia a muchas cosas, entre otras a la intimidad. Pero hay otro tipo de renuncia más difícil de aceptar. No la de la exclusividad sexual, algo que se puede entender perfectamente en una época de gran promiscuidad como la de ahora mismo, sino la de la exclusividad sentimental. Querer a dos personas a la vez. Compartir la vida sentimental exige mucha más generosidad que compartir la vida sexual. La película lo cuenta muy bien. Y ese es su punto fuerte. Ese y dejar claro que la vida en comuna ya no es posible en la actualidad.
Nota 1
No querría que con estas palabras pareciera que añoro la vida en comuna. Las comunas, como casi todas, o todas, las utopías, acabaron mal. No funcionaban y se encontraron con muchos problemas, especialmente los niños que se criaron en comunas, como el propio Vinterberg. Pero no está mal recordar de vez en cuando lo que pudieron ser.
Nota 2
Hay que agradecerle a Vinterberg que su película no sea ni un panegírico ni un film nostálgico del paraíso perdido. La comuna es prosaica, cotidiana, rutinaria e incluso con demasiadas reglas. Es una de las cosas que me gustan del film. A diferencia de Los Idiotas, de Lars Von Trier, donde también se hablaba de una comuna, ésta es tan burguesa como en realidad debían ser las comunas en Dinamarca. En España, las que hubo, tenían una connotación un tanto más rebelde. Eran los setenta.



(si se preguntan el por qué de este león de Ramon en esta entrada, tendrán que ver la película para responderse)
Falling
Cualquier película con Emma Suarez dentro me gusta más. Pero hay algunas, La propera pell, por ejemplo, que me gustan también por otras muchas cosas. Hay otras, Las furias, por ejemplo, que me gustan menos también por otras muchas cosas. Y luego hay películas que me gustan fundamentalmente porque está ella. Es el caso de Falling de Ana Rodríguez Rosell, un film de cámara, un duelo entre dos personajes. El de Emma, Alma en la ficción, y el de Birol Ünel, Aslan en la ficción. Alma y Aslan se encuentran en un espacio de sueño (o pesadilla) cerca del mar. Y viven 24 horas en las que intentan cambiarlo todo. Al menos él. No era fácil para ninguna actriz enfrentarse a la cara torturada y marcada del actor alemán que se hizo famoso en el film Contra la pared. Y menos hablando en inglés, y menos sin tener redes salvadoras donde apoyarse. Pero Emma sale indemne de este reto. Ella justifica ver esta película anómala en el cine español: por su duración, 73 minutos, por su teatralidad implícita, por su romanticismo.

Recupero dos apuntes de la semana pasada de películas que se estrenan ésta:

El tesoro. Si esta película fuera americana acabaría mal; si fuera inglesa, sería más cínica; si fuera española sería berlanguiana. Por suerte es una película rumana y eso implica que sea inesperada en su planteamiento y en su resolución: acaba bien, es tierna y el humor es muy sutil.

El faro de las orcas. Documental, biopic, historia de amor, naturaleza y silencio. El del niño autista, el de las orcas que cantan solo para ellas. Y una mujer y un hombre dibujados en el paisaje de una Patagonia inesperada.




viernes, 9 de diciembre de 2016

PATERSON, MARÍA Y .. YO


(¿será un poeta el conductor de este autobús barcelonés?)
Paterson
Jim Jarmusch no ha dejado de hacer cine nunca. Cortos, documentales,  ficciones.  Hace un par de semanas se estrenó su documental sobre Iggy Pop Gimme Danger. Y ahora nos llega este Paterson magnífico que nos devuelve al mejor Jarmusch, el de Extraños en el paraíso, el de Dead Man. Treinta años después de la primera y veinte mas tarde de la segunda, Jarmusch vuelve a contar una historia de tiempo muerto. Y de creación. De tiempo de creación. Paterson es una ciudad, Paterson es un hombre, Paterson es una forma de vivir. El Paterson hombre vive en la Paterson ciudad y ejerce de Paterson forma de vida. ¿Qué es esta forma de vida? Vivir y hacer. Simplemente. Como los extraños en el paraíso o el hombre muerto que viajaba por el rio. Paterson, el personaje, es un conductor de autobús con una rutina perfectamente establecida. Cada día hace lo mismo. O no. Porque cada día Paterson escribe en un cuaderno poemas inesperados y  cada día Paterson escucha conversaciones distintas en ese autobús que conduce por la ciudad y cada día Paterson se sorprende al llegar a su casa y descubrir el nuevo invento de su hiperactiva esposa. Cada día es igual pero cada día es distinto. Y cuando llega el sábado, la rutina cambia radicalmente y la vida da un giro. Pero Paterson está preparado para ese giro. Porque él hace (escribe) por el gusto de hacerlo, para sí mismo, no por la gloria o el dinero. Por eso sigue adelante. Mientras que su mujer inventa para triunfar y para ganar dinero y nunca lo consigue, él lo hace para sentirse bien. Un cuaderno, un lápiz, unos versos y la conversación escuchada. No hace falta más. Y si para tenerlo tiene que pasear a un odioso perro, lo pasea. No importa.  La verdad es que me he sentido muy reconfortada con este Paterson. Yo escribo en este blog porque me apetece, porque quiero contar lo que pienso de las películas y de la vida. Me gusta saber que me leen, cada vez que encuentro a alguien que me comenta que los domingos lee mi blog siento una extraña felicidad. Pero, como Paterson, no lo hago para la posteridad o para ganar dinero, lo hago porque me ayuda a vivir. Paterson conduce un autobús como trabajo y lo hace bien y obtiene de ese trabajo una fuente de inspiración. Yo escribo de cine, hablo de cine, vivo del cine y quiero creer que lo hago lo mejor que sé sacando de ese cine inspiración para seguir adelante. Me encanta Paterson.


(esta no es Bárbara Lennie, es Ruth, pero podría ser María)

María (y los demás)
También me encanta María. María también escribe. María también vive una rutina que es cada día distinta. Sobre todo desde el momento que su padre decide cambiar de rutina. María es Bárbara Lennie en estado de gracia. Hay en esta película de Nely Reguera una extraña felicidad. Y eso que María está siempre enfadada. Pero es un enfado feliz, de crecimiento, de asumir que los cambios son buenos aunque no lo parezca. María vive en A Coruña, y la ciudad, el paisaje, el mar, forman parte de su vida. María vive entre las letras, trabaja en una editorial y sabe muy bien lo difícil que es escribir. Tiene una novela a punto de acabar, solo le falta el final. Y ese final es lo que encontrará cuando su rutina de un salto. Cómico, inesperado, doloroso. Todo junto. Porque la vida no es en blanco o negro; la vida está en el blanco de un vestido de novia y el negro de una noche solitaria, pero en medio hay colores, muchos colores. Y comidas, y cigarrillos y…

María y Paterson hacen una buena pareja. ¡Un gran programa doble!


3
Pequeños apuntes sin importancia de películas estrenadas o por estrenar

1898, Los últimos de Filipinas. Cine bélico, cine de aventuras, cine antiguo pero absolutamente contemporáneo. Una rara avis en el cine español. La patria no siempre es lo que parece. Y los actores tampoco. Espectacular y recomendable. Sin prejuicios por favor.

Animales nocturnos, Tom Ford empieza la película con una imagen del horror y la distorsión, un fraude. Y sigue con otro fraude, el de la mujer que ha desperdiciado su vida. Frío, seco, moderno, inútil. Una venganza trazada con palabras.

El editor de libros. ¿Quién es el auténtico autor de un libro? ¿Qué papel juega un buen editor? A estas preguntas contesta este film que deja la duda de si Tom Wolfe realmente merecía ser Tom Wolfe. La verdad es que Max Perkins a lo mejor podía habérselo ahorrado.

El faro de las orcas. Documental, biopic, historia de amor, naturaleza y silencio. El del niño autista, el de las orcas que cantan solo para ellas. Y una mujer y un hombre dibujados en el paisaje de una Patagonia inesperada.

Hasta el último hombre.  La guerra es sucia, sangrienta, dura. Pero en ella hay héroes que la redimen y directores (Mel Gibson) que la convierten en historia sagrada. Fuller en las imágenes, pero no en el mensaje. Prefiero a Fuller.

El tesoro. Si esta película fuera americana acabaría mal; si fuera inglesa, sería más cínica; si fuera española sería berlanguiana. Por suerte es una película rumana y eso implica que sea inesperada en su planteamiento y en su resolución: acaba bien, es tierna y el humor es muy sutil.


sábado, 3 de diciembre de 2016

LA DONCELLA


( quiero pensar que este cuadro de Ramon le gustaría a Park Chan-wook)

Ayer fui al cine. No, no es una broma. Ayer fui a una sala de cine a ver una película un viernes a las siete de la tarde. Hacía mucho tiempo que no lo hacía. Me explico. Muchas veces he contado que los críticos vemos las películas en pases de prensa adelantados para poder  hablar de ellas en su estreno. Eso nos ha alejado de la experiencia de compartir una sesión de cine con el público normal. Bien, ayer lo hice. Y fue muy interesante. No sé si La doncella me habría gustado más vista entre mis colegas que vista con el público. Pero si se que el público la vivió de una manera muy diferente a como vivimos las películas los profesionales de la escritura de cine.
La sala estaba llena, y había un silencio absoluto. Nadie hablaba ni comía palomitas, ni una simple piruleta (nota para los exhibidores: yo pondría un expendedor de piruletas en el vestíbulo, o las regalaría a la salida a todos los  asistentes). Había silencio, pero no quietud. Una parte de los espectadores se removía en su asiento ante algunas de las escenas de la película; otros permanecían arrobados ante su belleza. Todos, yo incluida, fascinados por el cuento. Y por las imágenes.
La doncella de Park Chan-wook podría llamarse La gran estafa coreana, pero en realidad lo que me recuerda y es probable que sea por su origen literario, es el Tom Jones de Henry Fielding, publicado en 1749 y llevado al cine en 1963 por Tony Richardson. La doncella tiene el humor y la ironía de la picaresca inglesa; comparte con Fielding el erotismo y la sensualidad; los giros en la historia que van descubriendo que quizás nadie es lo que parece ser. Y sobre todo, el valor evocador de la palabra. Las palabras de las narraciones del Marqués Sade, especialmente Justine y los infortunios de la virtud y la Historia de Juliette o las prosperidades del vicio, pero también de las palabras que se dicen. O las acciones. Porque en una película tan llena de sexo explícito y hermoso, la secuencia que provoca mas es la de la limadura de un diente. En todo caso es donde más se movía el público.
La doncella es, además un cuento gótico, un film de terror, una película de amor y un film inesperado en su belleza: belleza de los cuerpos, belleza de los árboles, belleza de los objetos. Uno de los mejores títulos del año. Sin duda.



(una vieja foto, estos días encuentro muchas, de la Costa da Morte en 1978)
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No sé muy bien donde se puede ver esta película. Una de tantas que se estrenan estos días para poder entrar en la competición de las nominaciones a los Goya y que a menudo se pierden entre la vorágine de la semana. Estoy hablando de Sicixia, de Ignacio Vilar, un nuevo ejemplo de la cinematografía gallega que intenta abrirse camino mas allá de sus fronteras naturales. Y de fronteras habla este interesante trabajo. Frontera entre el documental y la ficción,  frontera entre la ciudad y el campo, frontera entre el hombre y la mujer. Con la excusa de un técnico de sonido encargado de recoger los murmullos de la naturaleza y el susurro de las voces de la Costa da Morte, Vilar nos acerca a las formas de vida más ancestrales que aún perviven en una Galicia que se mueve ella misma en la frontera entre la modernidad y la tradición. Pero no es solo eso. El hombre urbanita se siente fascinado por la naturaleza, por el mar y su fuerza, las montañas y su poder, las cuevas y sus misterios, el rio y sus ondinas. De todos ellos extrae el sonido que va poco a poco componiendo la banda sonora del film. Y en ese viaje le acompaña una mujer que le sirve de guía, no solo en los caminos del mar y la montaña, sino en el de sus propios sentimientos. Me gusta mucho esta película, me provoca (y esa es una de sus funciones, me imagino) muchas ganas de volver a Galicia. Búsquenla en la cartelera o en las plataformas. O simplemente imagínenla si no la encuentran.